Ciencia vs. Religión
El eterno y ancho abismo
Por Ralph M. Lewis, F.R.C.
¿Cuál es el objetivo de la sociedad moderna? Hoy en día, la diversidad de los intereses humanos es considerable. El incremento del materialismo parece ser el interés principal hasta para las naciones más desarrolladas. Este materialismo puede ser definido desde el punto de vista de la posesión de riquezas y de la gratificación sensual. En otras palabras, el objetivo de la vida parece ser el placer y la adquisición de aquellas cosas que contribuyan fundamentalmente a la satisfacción de los deseos físicos.
Tales deseos físicos, biológicamente necesarios y naturales en un organismo vivo, favorecen y protegen la vida del mismo con un mínimo de irritabilidad, pero si no se disciplinan, aumentan la agresividad del ser hasta el punto que inhiben las emociones y los sentimientos más bellos. Dicho más sencillamente, nuestros deseos pueden llegar a convertirse en el ideal que hemos de alcanzar en la vida sin importarnos los intereses de los demás.
El instinto de conservación es exigente en sus demandas para sustentar al ser físico. Pero tales impulsos pueden dar como resultado la destrucción del individuo, especialmente porque él es un miembro de la sociedad. La identidad más grande del hombre, en el sentido físico, es la sociedad. Ya no podemos existir como grupos pequeños de individuos, o como tribus, ni como una sociedad aislada. Podemos ser competitivos, pero no hasta el extremo de socavar los intereses de los otros miembros de la unidad social de la cual formamos parte. No podemos despojar a los demás de las oportunidades a que tienen derecho para aprovechar las ventajas del vivir colectivo.
Hablando en forma figurada, si hay un deterioro en lo moral y en lo ético hasta el extremo en que el propio provecho se convierte en el derecho supremo, entonces los hombres se enfrentan cruelmente unos contra otros.
Tener una comprensión intelectual de lo anterior no es suficiente. Debe existir también una compasión emocional, un sentimiento de rectitud. Cuando estas emociones están adormecidas o inhibidas el hombre es despiadado, máxime si le asiste la razón.
Nos damos cuenta de que hoy en día un creciente materialismo parece estar arrasando al mundo. Hasta las naciones subdesarrolladas y económicamente deprimidas parecen evaluar el éxito y la felicidad desde el punto de vista de la riqueza y la codicia, es decir, que el amor a las posesiones materiales representa el sueño de muchos. Es comprensible que una persona desnutrida (una persona hambrienta) desee tener lo necesario para poder sobrevivir. Pero con lo que sueña la mayoría es con alcanzar un estado de suma fastuosidad y lujo.
La era de las computadoras y sus promesas
¿Cuál es la causa de este aumento en el materialismo? La mente de la mayoría está atrapada entre dos polos muy opuestos. Uno de ellos es el énfasis tan grande que se le da a la ciencia. A muchos ésta les parece un genio moderno; en otras palabras, les parece una especie de ser que, hablando en forma figurada, con sólo agitar la varita mágica de su tecnología puede crear una vida sublime de abundancia y comodidades para toda la humanidad. Por supuesto, esto es más visible en el desarrollo dramático de las ciencias físicas y en su aplicación a los transportes, las comunicaciones y en los aparatos que ahorran trabajo manual. Esta interpretación es, desde luego, muy injusta para la ciencia.
La ciencia tiene dos aspectos generales. Uno de ellos es la investigación pura, la búsqueda del conocimiento para entender las leyes de la Naturaleza. Tales investigaciones reducen lo desconocido a lo conocido, erradicando así las supersticiones y la peligrosa influencia que éstas ejercen en la mente humana. Esta es su contribución más grande a la libertad verdadera del hombre.
El otro aspecto o tendencia de la ciencia es su aplicación, su valor utilitario. El conocimiento da poder, y en esta forma las leyes naturales que la ciencia revela se convierten en herramientas para el uso del hombre, la cuales puede aplicar tanto en favor como en contra de la sociedad. En otras palabras, pueden aplicarse no sólo en beneficio de quien las emplea, sino en el de otras personas también. A la inversa, pueden usarse en beneficio de unos cuantos en detrimento de los demás.
La dificultad reside en el motivo moral para aplicar la ciencia. Si predominan la avaricia y la codicia, deviene entonces la expansión del materialismo perverso. Los descubrimientos y las revelaciones de la ciencia se pervierten. La productividad resultante de la ciencia es interpretada entonces sólo como una ventaja material, y ésta es considerada desde el punto de vista de la disminución del trabajo, con más tiempo libre y fondos personales suficientes para gratificar todas las indulgencias que se desean.
En esta explosión de la era de las computadoras se ha dado mucha importancia a los artefactos modernos que ahorran trabajo. Estos prometen que el hombre tendrá más tiempo para ocuparlo en las diferentes actividades de la vida. ¿En qué invertirá el hombre ese tiempo? ¿Significa esto que buscará otras formas de intensificar la gratificación de sus instintos vulgares?
El papel que desempeña la religión
Pensando superficialmente en lo antes dicho parecería que la influencia reconciliadora podría ser lareligión, el otro polo que atrae la atención del hombre. Presumiblemente, la religión podría despertar inspiradamente las emociones y los sentimientos más elevados que se considera constituyen la cultura más avanzada de la sociedad.
Sin embargo, la religión se ha polarizado extremadamente. Ciertas sectas consideran que la religión está en peligro a causa de la era tecnológica; dicho más sencillamente, piensan que la ciencia se está presentando como la futura salvación del género humano y que será el alivio de muchas de las imposiciones que el hombre experimenta ahora. Además, la religión interpreta el desarrollo y el progreso de la ciencia como una tentadora utopía aquí en la Tierra. En contraste, la ortodoxia teológica prevaleciente aparece casi siempre como una promesa vaga de una vida sublime después de la muerte.
Preguntas sin respuesta formuladas en nuestra era
Al combatir esta influencia destructiva de la ciencia, algunas sectas religiosas insisten en que se acepten literalmente las Escrituras. Tal fundamentalismo se rehúsa a reconocer que la Biblia es, principalmente, una antología de hechos históricos y una cuna de simbolismo. Posee valores morales, pero muchas de sus narraciones son legendarias y la mayor parte de su contenido ha sido reescrito una y otra vez por concilios de teólogos que se han realizado a través de los siglos. Por lo tanto, no es racional que, en la era moderna de la educación, se obligue a creer ciegamente en que lo que dice la Biblia moderna (versión de King James) es un mandato terminante de Dios.
El fundamentalismo religioso ha dado como resultado una transferencia creciente de lealtad al reino de la ciencia por parte de la generación más joven y culta. El hecho mismo de que ciertos grupos fundamentalistas intenten repudiar lo que la ciencia demuestra con hechos evidentes, implica su intolerancia. Esta actitud disminuye el apoyo general para la ortodoxia religiosa externa.
Estas condiciones propiciaron que se haya formado una laguna, un vacío entre los dos polos: la creciente importancia de la ciencia con su búsqueda del conocimiento y su aplicación, por una parte, y por la otra la inflexibilidad conservadora o radical de la ortodoxia religiosa. Los individuos que desean satisfacer sus sentimientos de justicia o ampliar su sensación de unidad con toda la realidad, con el Cósmico, están abandonados aparentemente en la soledad, enfrentándose con grandes interrogantes como: ¿Deben someterse primero a la explicación científica los sentimientos elevados que el ser experimenta, es decir, sólo deben considerarse como resultado del fenómeno físico? O, por otra parte, si lo que uno experimenta es llamado espiritual, ¿puede ser explicado solamente por las doctrinas religiosas limitadas que no satisfacen?
El vacío entre estos dos extremos, entre estos dos polos diferentes, es muy grande. La ciencia pura no es la responsable, sino aquellos que la comercializan viéndola sólo desde el punto de vista del materialismo y la comodidad del hombre.
Otra de las causas es el aspecto de la religión que insiste en restringir la conciencia personal, que persiste en imponer su interpretación del idealismo espiritual, declarando que su método es el único acceso verdadero a un estado de conciencia más elevado.
El individuo que se dedica al estudio del misticismo, la metafísica y los temas afines, es considerado un excéntrico y dado a la fantasía por quienes son devotos estrictos de la ciencia utilitaria. Por otra parte, los fundamentalistas religiosos consideran que el místico carece de espiritualidad, ¡y hasta lo tachan de ateo!
¿No vemos en este estado de cosas una causa que contribuye al crimen en todos los niveles de la sociedad? Por un lado, a muchos les parece que el hedonismo, es decir, el materialismo y sus placeres, es la plenitud de la vida que debe obtenerse a cualquier costo. Por otra parte, pareciera que la espiritualidad está aprisionada por un dogmatismo ortodoxo. Este problema fundamental tendrá que ser resuelto a medida que avancemos en la era de la tecnología.
les deseo una feliz lectura como siempre mike hammer
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